Declaración FIPU

Organizaciones sociales entregarán carta al Papa en Villaviciencio

"Ayudanos Francisco a proteger la casa común. Ya lo dijiste en una carta que le mandaste a los cristianos del planeta".

Durante la jornada Millones de PaZos por la paz, el Comité de Impulso del Diálogo Nacional y de la Mesa Social para la Paz de Colombia entregarán al Papa Francisco una carta donde solicitan ayuda para el logro de la paz con justicia social en Colombia. La carta será entregada este viernes, 8 de septiembre, en Villavicencio, capital del departamento del Meta.

A continuación, la carta que será entregada al Papa Francisco:


Estimado Francisco:

Desde el Comité de Impulso del Diálogo Nacional y de la Mesa Social para la Paz de Colombia te mandamos este saludo. Esperamos que te sintás como en tu casa. Que sea provechosa la tarea que traés por la tierra de Mario Yepes y de Iván Ramiro Córdoba, esos dos que estuvieron jugando en tu querido San Lorenzo de Almagro. Esperamos que tu palabra de paz sea escuchada con respeto. Y también esperamos conversar con vos, si el tiempo y la agenda lo permiten.

Disculpá que te tratemos de vos. Acá en Colombia se desarrolló un hablado que combina indiferente el tú, el vos y el usted. Pero nos entenderás, que es lo importante. No tanto por el hablado -que también-, sino porque ya diste muestra de que entendés a los que sufren, a las que son oprimidas y violentadas, a la gente que no tiene cómo completar la panza cuando termina el día, a los campesinos, a las trabajadoras y los trabajadores que recibimos un salario que es más un disimulo que otra cosa.  Varias de nosotras y nosotros recordamos el Encuentro de organizaciones populares que vos convocaste en 2014. Recordamos la frase final: “Yo los acompaño de corazón en ese camino. Digamos juntos desde el corazón: Ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ninguna persona sin la dignidad que da el trabajo”. Por eso, por esas palabras, permití que te demos las gracias.

Y a todas éstas, ¿quiénes somos nosotros y nosotras? Pues gente que quiere paz. Nada del otro mundo, Francisco: paz con algunos cambios. Porque algo debe cambiar en estas tierras injustas para empezar una nueva etapa de nuestra historia. Si lo único que desaparecen son unos campesinos armados de escopetas y que se financian con las economías ilegales del oro o de la coca, pero sigue otro montón de gente armada con fusiles modernos y helicópteros blackhawk que se financian con las economías éstas sí legales de la corrupción, del oro y de la coca -que de eso viven hoy por hoy los grandes bancos-, pues poco habremos hecho. Si ya la gente no se mata en combates perdidos en la selva, pero la siguen matando a garrote vil en las calles los escuadrones de la Policía cuando sale a protestar, pues seguirá la fábrica de gente con rabia que no verá posible hacer política legalmente y seguirá la violencia que no queremos.

¿Cómo lo hacemos? Pues además de lo sabido, ahora nos hemos puesto un desafío que esperamos que nos ayudés a lograr: que acordar las transformaciones que faltan para tener una paz completa en Colombia sea fruto de una gran asamblea de las colombianas y los colombianos, que sea la participación de toda la gente común la que diga por dónde hay que seguir. No estamos partiendo de la nada. Si se ha logrado que el gobierno y las FARC hayan firmado un acuerdo para terminar el enfrentamiento armado ha sido porque mucha gente se puso en esa brega y se metió en foros y reuniones y marchas para imponer la paz; si algo se ha cumplido de lo se comprometió el Estado es porque la gente sigue insistiendo, a pesar de las trampas que los poderosos le hacen a sus compromisos; si hoy tenemos esperanzas de que haya paz es porque estamos dispuestas a seguir sembrando y produciendo esperanza.

Nos han dicho que una reunión de la gente que quiere que haya justicia y se pone de acuerdo sobre el modo y se pone a hacerla colaborando es lo mismo que Iglesia. Que iglesia, una palabra que viene de la lengua griega, es asamblea. Por acá nos gusta la palabra “minga”, que es de la lengua quechua, y significa lo mismo: trabajo colectivo para el bien de todos y todas. Esa es la idea que se nos ha metido en la cabeza: hacer una Minga por la Paz, una Asamblea por la Paz… una Iglesia por la Paz. Lo bueno es que el gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional -que todavía están en guerra, pero también en diálogo para terminarla- acordaron que para terminar el enfrentamiento se necesita la participación protagónica de la gente hasta lograr un acuerdo sobre las que han llamado transformaciones necesarias para la paz. Por nuestra parte le llamamos a este proceso Diálogo Nacional.

¿Cómo podés ayudar, Francisco? Porque ya damos por descontado que lo vas a hacer. Al fin y al cabo, varios curas de parroquia y algunos obispos se han movido mucho estos meses para aportar en la fabricación de la paz, y por eso sabemos que vos también estarás en estos ajetreos.

Ayúdanos con los que tienen miedo a la gente. Estos meses que hemos recorrido el país preguntando al que ha querido oírnos cómo ven la idea de participar en esto de hacer paz siempre hemos encontrado la misma respuesta: queremos participar, pero si es para que nuestra palabra valga. Y al mismo tiempo, desde las grandes empresas de prensa, radio y televisión, y desde alguna gente del gobierno, aparece el espantajo de que la gente reunida es peligrosa, que enreda todo, que si le preguntás a la gente cómo ve la paz van a aparecer soluciones imposibles, que la democracia no puede ser mucha. Decile a toda esa gente que duda de la sensatez del pueblo reunido, Papa Francisco, que la gente junta pensando en paz y justicia es lo que más se parece a la asamblea de los hijos e hijas de Dios. Decile a la gente católica que te oye, y los otros que estarán pendientes, que no hay que temerles a millones de hombres y mujeres reunidos si es la paz lo que las convoca. Decile a los poderosos que la gente humilde no viene por revancha sino apenas por justicia y sosiego. Decile, por favor, Francisco, a Colombia que la comunión es poner en común las ideas de una sociedad equitativa.

Ayudamos también con los que empeñan la palabra y luego la traicionan. Las FARC y el Estado han firmado un acuerdo para terminar la guerra; miles de guerrilleros de las FARC han dejado las armas y otros miles lo harán si avanza el diálogo con el ELN. El gobierno ha dicho que cumplirá su palabra de protegerles la vida; también se ha comprometido el Estado en hacer muchas reformas que llevan más de 100 años aplazadas y que volvieron a acordarse en La Habana. Pero todas y todos por acá dudamos de la palabra de los poderosos; no por ideología, sino por la triste experiencia: hay miles de acuerdos que los gobierno, uno tras otro, han firmado con indígenas, afros, campesinos, mujeres, sindicalistas… y que no han cumplido. Lo que la guerrilla de buena fe firmó en La Habana ahora se está irrespetando por el gobierno, por el Congreso y por las Cortes. Decile a los que mandan hoy, Francisco, que deben cumplir su palabra; que la trampa y la perfidia es partera de más violencia. 

Ayudanos Francisco a proteger la casa común. Ya lo dijiste en una carta que le mandaste a los cristianos del planeta, y suponemos que a los que creen de otro modo o a los que no creen: hay que cuidar el mundo. Y eso se hace derrotando la codicia. Suponemos que lo sabés: que no te han hecho mucho caso en Colombia los poderosos; bueno, por lo visto los poderosos del mundo no oirán nada que les implique dejar de acumular chucherías y dinero. Por el contrario, los ríos se angostan hasta que se secan, las montañas parecen peladeros y los nevados se descongelaron. Y mientras hablan de medio ambiente y de enfrentar el calentamiento global, les dan permiso a las empresas mineras y petroleras para que rompan con odio la piel de la naturaleza y destruyan su corazón, para que le quiten el agua a la gente y la usen para regar el carbón. La gente ha salido a cuidar esta casa común; en varios municipios hemos organizado consultas para que la gente diga si el agua y la vida son más importantes que la minería y el dinero. Ahora el gobierno dice que la gente es tonta por elegir la vida y el agua, que estamos manipulados, que no entendemos, que las consultas populares no valen y lo que vale son los contratos con las transnacionales. Ayudanos, Francisco, a decirle a estos líderes que la gente que cuida el agua está cuidando la casa común; decile a las comunidades que perseveren en proteger las selvas y los nacederos de agua, que eso es una tarea que quiere el buen Dios.

Ayudanos, papa Francisco, a expulsar a los mercaderes del templo. Estos días tenés la dura tarea de hablar con mucha gente. A tu lado van a querer estar los que durante las últimas décadas han saqueado las instituciones que debían administrar; los que se han apropiado de billones de pesos -muchos billones en realidad- que hubieran servido para alimentar a los millones de pobres que padecen hambre y para evitar que murieran de hambre más de 5.000 niños y niñas indígenas de La Guajira, una región que ha producido la mayor riqueza del país. ¿Sabés que es lo más indignante, Francisco? Que no necesitaban esa plata, porque muchos de ellos son los dueños y ejecutivos de las grandes empresas nacionales y extranjeras con sueldos enormes. Bueno, la necesitaban: para seguir en el poder. Pero es la avaricia de dinero y de poder lo que los mueve. Aprovechá alguna ocasión que te den, Francisco, y les decís al modo tuyo, que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que un rico llegue al reino de los cielos.

Ayudanos también con los que dicen ser cristianos y promueven el odio. Es penoso ver a tanto cristiano de tanta iglesia decir que Dios quiere la guerra, que la opulencia es un don de Dios y no una obscenidad. Hasta han dicho que sos el antipapa de no sabemos cuál profecía porque has dicho que la paz es cosa buena. Están enfermos de odio. Hace unos meses, cuando en un referendo debíamos refrendar el acuerdo para que terminara la guerra con las FARC, justo en ese momento cuando el entendimiento y la fe indicaban que debíamos votar sí a los acuerdos, tu iglesia en Colombia prefirió el silencio y la indefinición. Perdimos, Francisco, como ya sabes. Ayudanos, Francisco, a reparar ese daño. Decile a tus obispos, de pronto con la voz severa, que estar por la paz no admite dudas ni atajos y que la opción de Jesús fue por la gente pobre; decile a los creyentes que construir el reino de Dios en la tierra empieza por terminar la violencia contra los más desvalidos y permitir que cada quien pueda alimentarse con el manojo de justicia que le corresponde.

Perdoná nuestro atrevimiento, Francisco, si te pedimos otro favor. Te pedimos que dediqués un minuto de tu pensamiento y de tus oraciones por las lideresas y líderes del movimiento social que hoy están detenidas en las cárceles porque la injusta justicia las acusa de promover marchas o de organizar asociaciones de gente pobre o de oponerse al terror. Pero también por los que cometieron delitos y aun así no merecen sufrir la tortura diaria de cárceles inhumanas. Dedicá también un rato a la memoria de quienes han sido asesinados por luchar a favor de la justicia y la paz. Sabemos que lo hacés todos los días. Decile a los poderosos de Colombia que no puede haber paz si la amenaza o el asesinato caen sobre una mujer justa o un hombre justo. Nosotros, como vos lo has pedido rezaremos por vos, para que el Dios de la vida te proteja y te acompañe.

Ayudanos, Francisco, a que este país entienda que participar es paz.

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