Declaración FIPU

La paz con desarrollo ¡sí va!

Con estos proyectos se van a benefician tres organizaciones en Silvia, que abarcan cerca de 360 proyectos piscícolas.

Los indígenas Misak, lucharon por la recuperación de su tierra que, aunque es limitada, representa un logro colectivo que requirió decisión, organización y sacrificio de vidas humanas.

Por: Claudia Quintero
FIPU PRESS

Históricamente el pueblo Misak ha sido agricultor y piscicultor. El resguardo indígena Guambía es punto clave para el desarrollo económico y la sostenibilidad alimentaria de la región, en épocas de pos acuerdo.

Segundo Tombé Almendra representa a AMPROCAM, una asociación que se dedica a la producción de carne de trucha en Silvia, departamento del Cauca.

El Cauca fue noticia durante todo el conflicto armado, ahora le apuesta junto a la Unión Europea a promover los emprendimientos de producción de carne de trucha, para consumo nacional y exportación. Los indígenas guámbianos son empresarios, gestionan sus propios recursos, promueven empleo y desarrollo a sus comunidades.

“Producimos más de 100 toneladas mensuales de trucha, se van a implementar proyectos en los 42 municipios del Cauca, ojalá no sea solo para El Cauca sino para toda Colombia”, comentó Tombé en un evento realizado en Popayán en mayo de 2017, en la celebración de los 60 años de la Unión Europea.

Con estos proyectos se van a benefician tres organizaciones en Silvia, que abarcan cerca de 360 proyectos piscícolas.

La trucha para ellos representa un ingreso que mejora la calidad de vida del pueblo Misak y también es un gran alimento, de favorable poder nutricional. Su objetivo es llegar a la trasformación y a la mesa del colombiano de forma directa.

La Suiza de América como es conocida Silvia, no solo es centro de la producción de trucha, también es un foco turístico importante para el departamento, allí contrasta una buena trucha frita con los paisajes y los vestuarios que llaman la atención de los visitantes. A pesar de la modernidad éste pueblo sigue manteniendo sus costumbres y construyen paz con su trabajo dedicado.

“El plan de vida de los misak tiene aspectos generales para la recuperación de la cultura, autoridades ancestral tatamera y  mamamera los cuales viven en estrecha relación con la naturaleza, por esto el territorio es importante, ya que desde la cosmología, los guambianos  provienen de la naturaleza y son hijos del agua”[1] (Osorio Cesar 2011).

Para Segundo Tombé Almendra es necesario que los pueblos indígenas se unan para ejecutar proyectos de impacto, ahora que están finalizando las acciones armadas de la guerra, cree que es un momento clave que no se debe desaprovechar. Desde su organización trabajan familias completas llevando a casa un manjar que tiene muchos beneficios para la salud, bajo en grasa que proporciona proteínas necesarias para el cuerpo humano.

Los indígenas Misak, lucharon por la recuperación de su tierra que, aunque es limitada, representa un logro colectivo que requirió decisión, organización y sacrificio de vidas humanas. Como indicó el Portal Verdad Abierta en su artículo “El costo de organizarse”: “En el norte del Cauca, los indígenas han resistido a un despojo que comenzó con la Conquista y que continuó con el sistema de haciendas, la extensión de los monocultivos, la llegada de la coca y la minería, y la presencia de actores armados”.[2]

Para los colombianos de la Colombia real y rural, los Acuerdos de la Habana no representan el desarme de una guerrilla únicamente, representan una oportunidad para su empoderamiento social y económico y su seguridad alimentaria, hoy el pueblo nos da ejemplo que la paz con desarrollo ¡sí va!




[1] https://www.traslacoladelarata.com/2011/04/14/misak-cultura-milenaria-2/
[2] http://www.verdadabierta.com/lucha-por-la-tierra/5263-el-costo-de-organizarse-1971-1991

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