Declaración FIPU

¿Qué pasa con las Fuerzas Militares en Colombia?

¿En dónde está el Ejército que combatía a las FARC ahora que bandas criminales y neoparamilitares acechan a las comunidades?

"No se oye hablar de operaciones contra las estructuras delincuenciales que vienen fortaleciéndose en los territorios dejados por las Farc, no se conocen grandes operaciones contra el ELN, no se ven afiches con los rostros de los jefes de las bandas, no se ve al ejército".

Por: Alexander González
FIPU PRESS

Después de los grandes despliegues publicitarios, los comerciales donde aparecía aquellos soldados emergiendo de los ríos, entre neblina y bengalas que daban paso a jóvenes camuflados en la espesura de la selva, comerciales donde los helicópteros sobrevolando las selvas llevaban balones y mensajes de desmovilización a la guerrillerada, después de millones de afiches dónde aparecían las caras de los jefes guerrilleros y cuánto se daba por la información que permitiera su captura o su baja…

Después de tantos operativos que dieron como resultado la muerte de los máximos líderes de las Farc, tantos aplausos y tantas bombas, tanta inteligencia y tantos recursos, los colombianos de a pie nos preguntamos: ¿dónde está el Ejército Nacional?

Con una fuerza en pie de más 450 mil hombres, con un gasto anual de más de $12, 145,000,000 el ejército número 40 entre las fuerzas militares del mundo, goza ahora de momentos de tranquilidad; y en los cuarteles, las divisiones de infantería se dedican a pasar las horas esperando el llamado a alguna operación que ya lejos está de ser estratégica y de importancia.

Una guerra interna de más de 50 años nos permitió poseer el ejército más grande en número de combatientes de Latinoamérica, y no se trata de cualquier ejército, un ejército especializado, soldados “profesionales” que patrullan las selvas, montañas, llanos de Colombia, llegando a cada rincón con su mensaje de institucionalidad.

En algunas regiones del país el ejército colombiano ejerció como guardián de la soberanía, velando por la seguridad y estabilidad del territorio, también como fuerza armada de choque contra la guerrilla, de igual manera y ante la ausencia de otros poderes del Estado, al Ejército colombiano se le asignó la tarea de ser juez hasta en las peleas al interior de los hogares.


Pero en este incierto panorama de paz no se oye hablar de operaciones contra las estructuras delincuenciales que vienen fortaleciéndose en los territorios dejados por las Farc, no se conocen grandes operaciones contra el ELN, no se ven afiches con los rostros de los jefes de las bandas, no se ve al ejército que otrora circulaba en el territorio indagando sobre seguridad.

Una fuerza de 10.000 combatientes de las Farc desde campamentos y cárceles aguarda, mientras los comandos Selva y Fudra, fuerzas elite del ejército contraguerrillero más grande de América, se sientan a esperar órdenes. Órdenes que no llegan, fusiles enmudecidos que escuchan el sonido del llanto y los ruegos de los desplazados, fusiles quietos que no ven cómo se mueven los actores del miedo y la muerte por el territorio colombiano.

Las Farc han cesado sus acciones armadas, el ELN se apresta a hacerlo, parece que el ejército de Colombia ha entendido que no hay que hacer nada más.

Sin embargo, desde las selvas llegan a las ciudades y pueblos diariamente colombianos que piden protección frente a la muerte, que ahora se viste de banda criminal y neoparamilitar que, con el silencio y la ausencia del Ejército Nacional, nos recuerdan que aún no cesó la horrible noche.

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