Declaración FIPU

‘Bandas Criminales y Trata de Personas’, la autora detrás del libro

Encontré nóminas paralelas con servidores públicos que usan el poder que les entregamos desde el Estado para permitir la esclavitud humana.

Encontré vidas humanas destrozadas por desalmados que financian su poder territorial con el cuerpo, en especial de mujeres y niños. Encontré un país que sueña con la paz: sueña que se acabe la mafia que controla hasta los huevos y las arepas que se comen al desayuno.
FIPU PRESS

A Claudia Quintero la conocí en la FIPU. Fue una de sus primeras corresponsales. Y con sus entrevistas y artículos se mantiene vigente, siempre lista, para dar la lucha a las corporaciones mediáticas que manipulan y controlan poblaciones y naciones enteras.

Sin embargo, esta no es la primera guerra que tuvo que enfrentar en Colombia.  Oriunda de Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander y zona limítrofe con Venezuela, siendo muy joven Claudia sobrevivió a los exjefes paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) Jorge Iván Laverde, conocido como ‘El Iguano’, y Salvatore Mancuso, extraditado a Estados Unidos por el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez para evitar la verdad.

Antes de escribir noticias, ella fue noticia con su proyecto Gotitas de Creatividad, una iniciativa que luchaba contra el paramilitarismo que asesinaba a jóvenes que buscaban salidas a la drogadicción en Cúcuta. Pero la lucha era desigual. Las gotitas de arte y creatividad estaban en desventaja frente a las masacres y complicidad de la Fuerza Pública con el accionar paramilitar.  Y en desventaja con el Estado, promotor del paramilitarismo para silenciar y exterminar las voces disidentes.

Con el tiempo muchos jóvenes de Gotitas de Creatividad fueron asesinados o reclutados a la fuerza por los hombres de Mancuso y ‘El Iguano’, mientras en la ciudad las chicas eran obligadas a prostituirse y, posteriormente, también asesinadas o condenadas a ser esclavas sexuales.

Después de varios años enfrentando el paramilitarismo, Claudia estaba en peligro. Iba a ser asesinada.

Una historia de vida que se vuelve páginas en un libro  

Claudia debió abandonar el programa y desplazarse forzosamente a la capital del país, Bogotá. Era el año de 2005. Los paramilitares de las AUC habían decidido declararla objetivo militar. “Era una joven lideresa con un proyecto de niñez. Me vi amenazada por oponerme al reclutamiento de jóvenes y jovencitas por los paramilitares”, recuerda con total nitidez.

Todo cambió para ella. Del calor de su tierra natal, pasó al frío capitalino. El refugio que resguardaba su vida se manifestaba ajeno a sus costumbres, como si estuviese habitando una historia irreconocible, una memoria ajena que la alejaba de los sueños que inició en Cúcuta. “En Bogotá tuve que empezar de ceros, refugiarme en una casa para habitantes de calle y sobrellevar el despojo y el abandono estatal”.

Sin embargo, el exilio no triunfó. Haciendo de la memoria el territorio, Claudia derrotó al destierro. Al llegar a Bogotá rápidamente se articuló al movimiento de víctimas y fundó la Corporación Anne Frank, desarrollando trabajo en pro de los Derechos Humanos y defensa de las víctimas del conflicto social y armado. No obstante esta no sería la única vez que tendría que sobrevivir al exilio. Por su trabajo, nuevas amenazas llegaron. Y Argentina fue su refugio durante varios años.

Por fortuna, hoy de nuevo se encuentra entre nosotros, en Colombia, próxima a presentar oficialmente su libro Bandas criminales y trata de personas: la esclavitud humana como fuente de financiación del paramilitarismo posdesmovilización en Colombia.

El libro, editado por la FIPU, es fruto del trabajo de tres años de investigación que contiene testimonios, datos y cifras que desnudan la complicidad de la Fuerza Pública y sectores del poder político con el paramilitarismo. Procesos judiciales que no avanzan y víctimas de la trata de personas que no son escuchadas por la justicia, son solo algunas muestras de impunidad que Claudia Quintero deja al descubierto sobre un "negocio" que, según cifras de la OIT, deja ganancias de 99 mil millones de dólares al año.

Recuerdos, historia de vida y memoria también son este libro: desde la lucha con Gotitas de Creatividad para salvar a las jóvenes de las manos del paramilitarismo en Cúcuta, hasta los hechos más recientes que permiten que este crimen, la trata de personas, se mantenga y profundice, del mismo modo que los grupos paramilitares no paran de crecer.

Pero este libro, ante todo, es también Claudia Quintero; y con ella es necesario hablar.


Alexander Escobar: Claudia, cómo nace el interés de trabajar en contra de la trata de personas.

Claudia Quintero: En el año 2009 fundamos la organización (Corporación Anne Frank) en Altos de Cazuca (Bogotá), allí empezamos a proteger a la niñez y a los jóvenes víctimas del paramilitarismo. Por amenazas tuvimos que salir y decidimos migrar a la Argentina, al sur del continente.

En Argentina conocí la solidaridad y la realidad de cientos de colombianos que en busca de un sueño caían víctimas de la trata de personas. Empecé a “militar” –como dicen allá a la lucha– en el tema de trata con la RATT, que es la Red Alto a la Trata y con el gran activista de este tema como lo es Fernando Mao.

Me formé con la RATT en el tema de trata de personas, también en tráfico de personas, asistiendo a seminarios y talleres con el Ministerio de Seguridad y con el Senado de la nación Argentina.

A.E.: Qué problemas ha representado este trabajo para ti.

C.Q.: Cada caso trae su añadidura: amenazas, intimidaciones, muchas veces las mismas autoridades se molestan cuando ven mi intervención. He recibido estigmatizaciones de todo tipo tratando de dañar mi credibilidad e imagen. Por ejemplo, han dicho que soy de las FARC, del ELN; y lo último, que me dio hasta risa, es que me acusan de ser del “fundamentalismo Islámico”. Pisa callos las denuncias y los rescates a víctimas.

En algunos casos de trata de personas hay complicidad policial y política, ya te imaginarás cómo es este trabajo. Yo tengo un nivel de riesgo alto, según el Gobierno, pero seguimos luchando.

A.E.: Cuéntame sobre la experiencia de escribir un libro, cómo te trató la pluma y el papel.

C.Q.: En el año 2006 escribí un documento llamado Sin Norte, allí se cuenta la incursión paramilitar en el Norte de Santander hasta el momento de mi desplazamiento forzado. Este documento fue usado por la Corte Suprema de Justicia como fuente para sentencias a paramilitares. También he sido autora de informes como El infierno en la tierra, primer documento que denunció la trata de personas en el centro de Bogotá, sector llamado “El Bronx”; otro documento fue el informe Niñez Robada, entre otros.

Escribir es mi forma de denunciar, de ponerle voz a esas historias que a diario tengo que palpar y que a diario me mueven las fibras de mi alma a continuar.

Escribo para FIPU, me han brindado una oportunidad única para expresarme sin filtro ni censura. Todo esto han sido bases para mi formación en las letras.

Bandas criminales y trata de personas es el caminar de más de dos años, desde que volví a Colombia y empecé a luchar contra la trata de personas. No es un documento académico, pero sí pretende sensibilizar, educar y visibilizar una realidad que sucede en nuestro país y amenaza la paz en las regiones.

A.E.: Qué encontraste durante el tiempo que estuviste escribiendo el libro.

C.Q.: Encontré vidas humanas destrozadas por desalmados que financian su poder territorial con el cuerpo, en especial de mujeres y niños. Encontré un país que sueña con la paz: sueña que se acabe la mafia que controla hasta los huevos y las arepas que se comen al desayuno.

Encontré nóminas paralelas con servidores públicos que usan el poder que les entregamos desde el Estado para permitir la esclavitud humana.

Encontré que para tener una paz completa se debe desmontar ese plan paramilitar que un día se instaló en Colombia y sigue vivo dañando vidas.

A.E.: Hablemos de responsabilidades en la trata de personas en Colombia. Empecemos por la responsabilidad del Estado frente a la persistencia de este crimen.

C.Q.: El Estado colombiano tiene la principal responsabilidad para prevenir, atender víctimas y combatir el flagelo de la trata de personas. En Colombia no hay año con más de 4 condenas por trata de personas. Conozco casos dónde el Fiscal ni sabe que está frente a un caso de trata de personas, porque ni las propias víctimas lo saben. El Estado colombiano tiene un gran reto en el posconflicto y es combatir a los grupos que tiene como fuente de financiación la esclavitud del siglo XXI.

A.E.: La responsabilidad del paramilitarismo.

C.Q.: Los grupos paramilitares, neoparamilitares o emergentes del paramilitarismo, llamados por el gobierno Bacrim (Bandas Criminales), son los principales responsables de la trata de personas interna en Colombia.

Ellos se dieron cuenta que éste, el segundo negocio ilegal más lucrativo del mundo, les podía ayudar a consolidarse en las regiones.

A.E.: La responsabilidad de los medios de comunicación.

C.Q.: Los medios de comunicación, hablando de los informativos, creo que están en formación de cómo abordar los casos de trata de personas. Desde mi trabajo tengo mucho contacto con los medios y hago pedagogía a cada instante. En especial cuando se habla de las víctimas, se debe informar sin revictimizar.

En mi trabajo muchos periodistas han sido aliados de ésta lucha; y sin esa visibilización que hacían a nuestras denuncias, pues no se hubiera podido avanzar un poco, por lo menos en mostrar que “la tal trata sí existe”.

Creo que los medios tienen una gran responsabilidad no solo en mostrar casos, también en la prevención del delito, brindando espacios para campañas de sensibilización.

Respecto a los programas y novelas que se han venido presentando perpetúan la idea de la “prostitución” cómo solución rápida para una vida de lujos y una aparente felicidad. La televisión debe ser más responsable en los contenidos que produce, los retratos de la vida “traqueta” le llena la cabeza de basura a los niños, que al final prepara el camino y facilita la captación por parte de los tratantes.

A.E.: La responsabilidad de la sociedad.

C.Q.: Colombia entera debe conocer el fenómeno, y este es uno de los propósitos de éste libro. Hay ríos de tinta sobre trata de personas, documentos que incluso el Estado paga a expertos, pero estos documentos quedan en bibliotecas u oficinas.

Bandas Criminales y Trata de Personas, será un documento para llevar a los docentes, al policía del CAI (Centro de Atención Inmediata) de la esquina, a los alcaldes, mejor dicho, territorializarlo.

En Argentina, cuando una niña desaparece presuntamente por una red de trata de personas, la gente sale a la calle a protestar y a buscarla, incluso los activistas con apoyo de la ciudadanía hacen los famosos “escraches” donde se van con cacerolas a un prostíbulo y sacan a las niñas que están allá explotadas. Yo sueño una movida así de fuerte en Colombia. Una sensibilidad que rompa las fronteras de la indiferencia y que ayude desde la ciudadanía a combatir éste fenómeno.

A.E.: El 23 de junio, en el marco de los diálogos de paz, en La Habana se firmó un acuerdo entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno colombiano para atacar el paramilitarismo y las estructuras criminales que atentan contra la paz y la oposición política, cómo tomas esta noticia, ¿crees que ayudará a combatir la trata de personas? ¿Se materializará la lucha del Gobierno contra el paramilitarismo?

C.Q.: Es un paso enorme e hicimos incidencia desde muchos sectores para que esto quedara plasmado allí. Para construir una paz estable y duradera debemos exigir el desmonte del paramilitarismo, no solo de forma militar, también con políticas que ataque sus fuentes de financiación criminal. Hay que “meterles la mano al bolsillo”, ya que es mucha plata la que producen de la trata de personas, la prostitución y los trabajos forzados.

A.E.: Ahora que tocamos el tema de los diálogos de paz, cuéntame, ¿en la Mesa ha sido tratado el tema de la trata de personas, has tenido algún tipo de diálogo con alguna de las partes?

C.Q.: Específicamente no, se habló de violencia sexual en la subcomisión de género, pero no se tocó el tema de trata de personas. Nosotros hemos enviado la reseña de este documento y lo vamos a entregar a las delegaciones para seguir haciendo incidencia y pedir que en el posacuerdo quede claramente esta lucha.

A.E.: Cómo te imaginas la paz, qué crees que sigue luego de firmar la paz entre el Gobierno y los grupos insurgentes en Colombia.

C.Q.: Me imagino, que ahora que firmemos con las FARC, tenemos que firmar con el ELN y empezar una construcción colectiva del país que soñamos, desde la política y desde la movilización social. Creo que en el posacuerdo es crucial, y lo he reiterado durante toda la entrevista, el desmonte de las estructuras paramilitares.

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