Declaración FIPU

Un viaje comienza por un paso

Ya le dimos la oportunidad a los que gritaron, que empuñaran los fusiles y terminamos con muchos pobres muertos.

Yo estoy feliz porque es más probable que miles de niños que hoy juegan en el Chocó o Guaviare, invisibles para las ciudades, no van a ser necesitados para la guerra de actores armados.

FIPU PRESS

 "Las ciudades se construyen a partir de los miedos o las esperanzas".
Ciudades Invisibles de Italo Calvino

Finalizar el conflicto armado no acaba el conflicto social; solo que un grupo que defiende sus ideales con las armas, ya lo hace por la vía política, eso no reduce la discusión, reduce las acciones armadas que son las que traen los muertos, los desplazamientos y el escalamiento de la guerra.

Lo cierto es que las Farc dejan las armas (que decían muchos que no iba a suceder) y que de su parte no habrá más muertes, secuestros  o acciones de guerra.

Yo estoy feliz porque es más probable que miles de niños que hoy juegan en el Chocó o Guaviare, invisibles para las ciudades, no van a ser necesitados para la guerra de actores armados.

Lo de ayer no hace la paz, pero por algún punto debíamos comenzar y el primero era acabar el conflicto armado. Ahora viene lo más difícil, implementar acuerdos, la reconciliación, acabar el conflicto social y generar garantías de no repetición.

Respeto profundamente la percepción de todos, pero por mi parte soy positivo por lo que desencadena este discurso de la esperanza, pues ya le apostamos a la guerra y no podrán decir que no se le dio la oportunidad:

- 300 billones en diez años para el ministerio de defensa, lo que recibió el ministerio de agricultura en 80 años.
- 7 millones de víctimas
- 220 mil muertos
- 80 mil desaparecidos
- 8 años en el poder de un gobierno que dijo que necesitaba dos años para acabar la guerra.

Ya le dimos la oportunidad a los que gritaron, que empuñaran los fusiles y terminamos con muchos pobres muertos mientras los mismos seguían vociferando odio muy vivos.

Ayer, a las tres de la mañana, soldados campesinos, negros, indígenas, llevados por el servicio militar obligatorio a pelear una guerra que comenzó en época de sus bisabuelos y que ellos no entendían, desarmaban las trincheras después de 20 años en el casco urbano de Ituango. Yo prefiero ver esto a 20 años más de guerra, porque se diluye el discurso del miedo y le creo al de la esperanza.

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