Declaración FIPU

Semana del Detenido-Desaparecido, tres historias, tres luchas y una sola verdad

Matar para presentar resultados, desaparecer después de detener, son prácticas de una doctrina militar desgastada e inhumana.

Mujeres que tuvieron que enfrentar la detención y desaparición forzada de sus hijos varones, en el marco de una política oscura que dicta penas de muerte a conveniencia, que estigmatizaba por estrato social o apariencia física.

FIPU PRESS

Las únicas palabras que me salieron para consolarles en su dolor fueron las siguientes: “Sus hijos las parieron a ustedes a la lucha, eso decían las madres de Plaza De Mayo en Argentina, ‘yo no era una luchadora  yo era una ama de casa pero quien me pario a mí a la lucha fue mi hijo, yo lo parí primero a él’”. Sentarse a escuchar a las madres de Soacha o a las madres de jóvenes desaparecidos, es una lección de humanidad y de dolor, de indignación ante tanta injusticia pero sobre todo, una esperanza para construir una paz sembrada en la verdad y en las víctimas.

“Que alguien me diga si ha visto a mi hijo. Es estudiante de Pre-Medicina. Se llama Agustín y es un buen muchacho. A veces es terco cuando opina. Lo han detenido. No sé qué fuerza. Pantalón blanco, camisa a rayas. Pasó anteayer”, canta Rubén Blades en Desapariciones.

Tres historias, tres mujeres, tres luchas y una sola verdad. Las ejecuciones extrajudiciales deben terminar en Colombia, por el simple hecho de reconocer que no tenemos pena de muerte, ni por “porte de cara” ni por fumar marihuana. Matar para presentar resultados, desaparecer después de detener, robar identidad, calumniar y destruir familias son prácticas de una doctrina militar desgastada e inhumana. Un reto para la paz, abandonar como Estado estas violaciones a los Derechos Humanos.

A partir del  año 2010, con la promulgación de la Ley 1408 de 2010 en homenaje a las víctimas de desaparición forzada y el decreto reglamentario 303 de 2015, cada última semana del mes de mayo recordamos con amor y resistencia a las víctimas de los desaparecidos. Del 20 al 31 de mayo conmemoramos la semana del detenido desaparecido.

[La desaparición forzada] “es un delito que, pese a que se ha cometido de manera sistemática en Colombia desde hace cerca de 40 años, solo figura en el Código Penal hace 14. Solo 30 años después de la primera desaparición, la de Omaira Montoya en 1977, comenzó a operar un registro único centralizado, el Sirdec (Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres de Medicina Legal). Apenas en 2010 la Fiscalía creó una unidad especializada. Y recién en 2012 se promulgó una ley que permite declarar a alguien desaparecido sin tener que esperar dos años a que no se confirme su muerte”, anota Semana.

María Sanabria, Luz Marina Bernal y María Nohemí Barbosa, son mujeres que tuvieron que enfrentar la detención y desaparición forzada de sus hijos varones, en el marco de una política oscura que dicta penas de muerte a conveniencia, que estigmatizaba por estrato social o apariencia física.

María Sanabria y Luz Marina Bernal, son madres de Soacha; sus hijos fueron desaparecidos y luego asesinados en lo que llamaron “falsos positivos”. María Nohemí Barbosa estaba celebrando su cumpleaños en San Andrés, en lo que creía sería la temporada más feliz de su vida, y su hijo fue desaparecido y después un Coronel le dijo “alcahueta, su hijo era un narco por eso lo mataron”. Las tres luchan por limpiar el nombre y la honra de sus hijos desaparecidos e incapaces de defenderse de quienes se lucran de la desaparición forzada.

La construcción paz nos demanda retos importantes, al ser un acuerdo vinculante que marcará las nuevas generaciones en Colombia, se debe pensar en el respeto a los Derechos Humanos desde las fuerzas militares, principales responsables de la desaparición de tantos jóvenes en Colombia.

La memoria de quienes no están, pero parieron a la lucha a sus madres o familiares, está más viva que nunca y este 2016 será un año muy especial, con la esperanza de encontrar los cuerpos en las fosas del horror.

En próximas columnas, compartiré las tres historias de 3 valientes mujeres que pasaron de amas de casa a activistas y luchadoras por los derechos humanos al perder a sus hijos, sembrados para la lucha en Colombia.

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