Declaración FIPU

San Andrés: el paraíso de la desaparición forzada. Entrevista a María Nohemí Rincón

"La información que indica que mi hijo (John Alexander Barboda) había estado con policías, se supo por boca de los mismos policías.

El Coronel Luis Aníbal Gómez Báez me dijo que mi hijo era drogadicto y narcotraficante y por eso lo habían asesinado", María Nohemí Rincón
FIPU PRESS

María Nohemí Rincón viajó junto a su hijo John Alexander Barbosa Rincón a unas vacaciones en un “paraíso”, así consideraba que era la Isla de San Andrés. Era su cumpleaños y sus hijos querían celebrarle de la mejor manera. Estaban felices, John ya era un profesional, estaba trabajando en una buena empresa, y había cumplido su sueño de comprar un piano nuevo, estaba puertas de cumplir su sueño de tener una banda de rock.

Pelo largo y tatuajes, así era la forma de expresar su amor al rock, pero algo que la policía en diferentes ocasiones no le perdonaba.  John fue desaparecido en San Andrés; pero antes de ese trágico suceso ya había sido víctima del abuso policial en varias oportunidades. Por tener “esa pinta de vicioso”, cómo estigmatizan a quienes simplemente deciden ser diferentes, fue detenido arbitrariamente y requisado aun saliendo de su casa para el trabajo.

San Andrés ya no es un remanso de paz, tampoco es ningún paraíso. ‘Los Urabeños’ se disputan con otras bandas el control de la isla, la droga, la prostitución, la trata de personas y otras economías ilegales. John no es el único desaparecido de la isla, aunque las autoridades cómplices por omisión nieguen ésta situación.

Claudia Quintero: ¿Cuál fue la respuesta de las autoridades en ese momento que se desaparece John y cuándo usted empieza a buscarlo desesperadamente en la isla San Andrés, con alguna información de fuentes que decían que él había estado con policías la noche de su desaparición?

María Nohemí Rincón: La información que indica que mi hijo había estado con policías se supo por boca de los mismos policías. Cuando mi hijo salió del Hotel Blue Cove, él se encontró con dos policías que estaban de turno esa noche. El hotel paga a la policía para que los cuiden, a veces están hasta 8 policías ahí haciendo nada,  pero se la pasan ahí.

Los policías sí sabían cómo estaba mi hijo vestido, yo no sabía porque en la noche él se había cambiado y ellos dijeron que mi hijo estaba vestido con una camiseta azul petróleo con unos dibujos adelante y yo no lo sabía; también indicaron que tenía una pantaloneta camuflada gris y yo no lo sabía, porque el viernes 6 de junio de 2014, estuvimos todo el tiempo juntos y él estuvo con camiseta blanca y una bermuda camuflada verde. ¿Cómo supieron ellos cómo estaba vestido?

La otra declaración de la policía es que mi hijo se les había arrodillado y les había dado las gracias por tratarlo también, y yo me pregunto y le pregunto allá a la policía de San Andrés, ¿gracias de qué?, si todo el día hasta las 10 de la noche nunca nos cruzamos con ellos, y si ellos hablaron con mi hijo fue fuera del hotel, fuera de cámaras de seguridad, por qué en ninguna de las cámaras está esa situación que ellos dicen; también dicen que mi hijo había salido del bar y que se había sentado en una banca y se había tirado al piso llorando amargamente, eso es falso porque en el video sí se vio que se sentó en la banca pero nuevamente ingresó al hotel.
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C.Q.: Una mujer  le comentó, a usted que, su hijo estaba con unos policías y con una persona muy parecida al investigador de la desaparición, ¿qué ocurrió con ese testimonio?

M.R.: La señora trabajaba en el hotel y ella lo vio con policías y ella me dijo: “si quiere yo doy testimonio porque yo lo vi, era su hijo”. Ella lo reconocía por la cantidad de fotos que yo había puesto en todos lados. Pero la señora Margarita Rosa López Maestre no hizo nada con ese testimonio ni tomarlo en cuenta para las investigaciones.

CQ: ¿Cuál fue el testimonio de la señora?

M.R.: Que había visto a mi hijo muy borracho o drogado y que no se podía parar,  que estaba con un señor calvo, no gordo pero macizo, otro hombre negro, alto, delgado; otro señor con una camiseta roja y que estaban dos policías. Di esa información al CTI para que revisara las cámaras y no quiso hacerlo.

CQ: ¿Qué versión dan las autoridades de la presencia de policías en el momento de la desaparición de John Alexander?

M.R.: Conseguí una cita con el coronel Luis Aníbal Gómez Báez por intermedio de un sacerdote. Fui a la cita, pero allí se produjo el dolor más grande de mi vida, esperaba que el Coronel me dijera: “Yo le voy a colaborar,  yo la voy ayudar”,  no fue así. El Coronel Luis Aníbal Gómez Báez me maltrató y me dijo que yo era una alcahueta, que era cómplice de mi hijo, que yo sabía todas las andanzas de mi hijo, que mi hijo era un drogadicto, que era narcotraficante y que seguramente tuvo que haberse robado algo de los que le habían encargado el cargamento, y por eso lo habían asesinado.

Le dije en la cara  al Coronel, “¿usted está seguro que mi hijo es narcotraficante, que yo soy la alcahueta, que yo soy culpable de eso?, hágame el favor y me presenta pruebas de eso que afirma”. Terminé la reunión y me fui porque el señor era grosero y déspota. Después de eso, no conforme con haberme tratado así y no haberme prestado ningún apoyo, también le manifestó a la coordinadora del CTI que yo estaba ocultando información, que mi hijo se había suicidado por la “esposa”, cuando John era soltero y eso lo comprobó el CTI cuándo viajó a Bogotá y le tomaron fotos a mi casa, a su habitación y a sus cosas, personas para confirmar que efectivamente John Alexander vivía conmigo.

Fueron innumerables mentiras dentro del caso. Otros dijeron que mi hijo era homosexual y que se había ido con un hombre. Después de desaparecido John lo han calumniado desde el Estado para justificar lo que le hicieron.

John tuvo una relación con una señora que tiene hijos, pero hace mucho ni amistad tenía con ella. Pero ¿el Coronel cómo sabía de esa persona?, eso solo me hace pensar que sabían información intima de John que obtuvieron desde la tortura. Tal como una fuente telefónica dijo a las autoridades que John había sido torturado, ese testimonio tampoco se investigó.

C.Q.: ¿Que otros incidíos o sucesos siguieron a lo que le estaba ocurriendo a usted y la forma cómo la estaban revictimizando?

M.R.: Un mayor de la Armada Nacional de San Andrés, que se llama Diego Fernando Patrón Cáceres, me llamo un día y me dijo que tenía un informante y que el informante le había dicho que en la  finca ‘Villa Rosa’, tuvieron encerrado a mi hijo, que lo habían torturado terriblemente, que lo habían asesinado en esa finca y que lo habían enterrado en la misma finca.

No sé si es de propiedad o en arriendo de Carlos Londoño, pero sí sé que el señor Londoño hospeda ahí a jóvenes que trabajan con él. Carlos Londoño es el dueño del hotel dónde desapareció John Alexander, el Blue Cove.

Carlos Londoño es un hombre demasiado poderoso, dueño de hoteles y sitios de vacaciones.

C.Q.: Usted recorrió San Andrés buscando a su hijo, se instaló allí y luego fue desplazada por amenazas, ¿qué encontró en San Andrés?

M.R.: Encontré un paraíso de mentiras, encontré que en ésa época había 19 jóvenes desaparecidos, que mi hijo no era el primer turista desaparecido pues habían encontrado el cadáver de un bumangués que fue desaparecido y asesinado en la isla.

Las bandas criminales se disputan la Isla, esto sale en la prensa, pero la Fiscalía y las autoridades policiales lo niegan. A mí me amenazaron y me maltrataron, el Fiscal que tiene el caso es una persona que me envía oficios desafiándome y acusándome de mentirosa por buscar justicia en el caso de mi hijo, un señor que hasta me responde los derechos de petición con mala ortografía.

En San Andrés pasan muchas cosas,  ni la policía ni la fiscalía ni el CTI nombran, todo lo ocultan entre ellos.

En el tiempo que estuve, yo allá, había 19 jóvenes desaparecidos, entre ellos mi hijo. A  ninguno lo reportaban ni decían nada, todo queda en la sombra, igual que quisieron hacer con mi hijo,  exactamente lo mismo,  porque allá amenazan a los padres de familia para que no digan nada y todos los jóvenes desaparecidos son catalogados como los peores drogadictos y narcotraficantes, por eso no hacen absolutamente nada por buscarlos.

CQ: ¿A qué se dedicaba su hijo en Bogotá?

M.R.: Mi hijo en Bogotá trabajaba en una empresa respetable, él era tecnólogo en administración de empresas y estaba estudiando la profesional en la Universidad Remington, pueden preguntar en dicha universidad si esto es cierto, ya que ellos aseguran que mi hijo era un criminal.

El su tiempo libre componía, hacia canciones, tocaba guitarra, piano, y tenía el sueño de tener su grupo musical.

CQ: ¿Usted cree que “la pinta” de su hijo –pelo largo,  tatuajes, ser rockero–influyó para que fuera estigmatizado y le hicieran el daño que le hicieron?

M.R.: Yo estoy convencida que por tener el cabello largo hasta la cintura, tener tatuajes y todo los demás, de eso se valieron para hacerle todo el daño que le hicieron a él y el daño que me hicieron a mí.

Es algo que nadie lo puede reparar, lo digo porque aquí en Bogotá la policía a él no lo podían ver, porque lo amenazaban, lo acosaban por ser diferente.

San Andrés no es una isla color rosa, allá asesinan todos los días y desaparecen jóvenes todos los días y nadie hace nada, nadie dice nada.

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